La lengua latina conocía por una parte la oposición de cantidad vocálica, es decir, la oposición entre vocales largas y breves; y por otra, un acento que era de naturaleza musical, dependía en su colocación de la estructura cuantitativa de las sílabas de la palabra y fonológicamente era irrelevante, ya que por sí solo no distinguía palabras iguales. La acentuación latina es distinta de la nuestra. Consiste, no en una mayor intensidad de voz de la sílaba acentuada, sino en una elevación del tono, como una nota más aguda. Todas las palabras latinas, excepción hecha de las proclíticas y de las enclíticas (ejemplo: -que «y»; -ve «o»; -ne «acaso»; y a veces -cum «con»), tienen acento intensivo, que no se representa gráficamente. La posición del acento se rige por las normas siguientes: En latín no existen palabras agudas y el acento nunca recae más allá de la antepenúltima sílaba: ops, pons, urbs, sal, causa, Roma, poena, geltus. Son llanas las palabras cuya penúltima sílaba e...
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